27.12.10
3.12.10
Remembering Silly Me: Cuatro

When I was a freshman in college, I decided I wanted to take a class in meteorology to satisfy my natural science requirement. However, when I got to the lecture hall I realized that I was in a geology class instead. This was the first of two occasions in which I registered for the wrong class by accident. I was about to leave because, c'mon, who likes looking at rocks, right? I'll tell you who: hot professors. Thus, I decided to give geology a shot and give up my dream to be a weather-girl.
Unfortunately, my first instinct was right: rocks are indeed boring, so I didn't really put much effort into the course. At that time I was also in my first musical ever, Godspell, so igneous rocks were the least of my concerns. By the time mid-terms rolled around, I realized I was failing rock-class miserably so I made an appointment to speak with my professor. I told him I was an English major and understood very little about numbers and elements and the like. I also told him I had been very busy with my first musical production, but I was hopeful I could pull my grade up somehow. Nothing in the world would've allowed me to foresee what happened next. I found myself singing the Godspell theme-song in his cramped, rock-piled, windowless office; it was just the two of us, and me singing. I felt dirty.
I got an A on the test that followed and I never knew what I got on the final. Whatever, I passed the class with a B.
21.10.10
Pescado
No todos los días te da en el pecho una flor.
Mucho menos un pescado.
El golpe retumba vacío
y hace añicos el cristal de las copas.
Ya va cayendo el pescado;
su trayectoria coincide exactamente
con los puntos cardinales
que me sostienen.
Y al desplazarme, el pescado queda atrás,
quedo yo sin peces y sin norte.
Y el pescado que alguna una vez
se escurrió tan lindo en el mar,
me atravieza con la canica de su ojo
y me dice... nada.
Velando su figura fría y quieta
dudo que alguien lo recoja.
Mucho menos un pescado.
El golpe retumba vacío
y hace añicos el cristal de las copas.
Ya va cayendo el pescado;
su trayectoria coincide exactamente
con los puntos cardinales
que me sostienen.
Y al desplazarme, el pescado queda atrás,
quedo yo sin peces y sin norte.
Y el pescado que alguna una vez
se escurrió tan lindo en el mar,
me atravieza con la canica de su ojo
y me dice... nada.
Velando su figura fría y quieta
dudo que alguien lo recoja.
16.10.10
Mix-Tape

I can say without a doubt in my mind that two of the top five best gifts I've ever received have been mix-tapes (mix-CDs, actually). I have received some pretty nifty gifts (including jewelry), but not much beats a classic, thoughtful, good-ol', romantic mix-tape. So, tonight, to my ex's I am grateful. One might have been a tool and the other, well, just not for me, but they sure did know how to make me weak at the knees.
:)
1.10.10
Metáforas Pedagógicas
A mí me gusta mucho ser maestra. En particular, me gusta cuando los estudiantes dicen "ooooo" al unísono o cuando sus ojos se abren grandes y se iluminan el instante en que por fin entienden algo que antes no entendían. Es chulo, es bonito y, además, siento que estoy haciendo algo de provecho con mi vida. Por lo tanto, hago un gran esfuerzo por ser no solo efectiva, sino también divertida y creativa al impartir las lecciones. A lo largo del último año, he desarrollado actividades educativas y metáforas pedagógicas que me han dado buenos resultados. A continuación verán ilustrados dos de mis mejores momentos como educadora.
A mis estudiantes de niveles más básicos siempre les doy un repasito de las diferentes funciones de las palabras para que así cuiden más su sintaxis a la hora de redactar. Los conceptos de "objeto directo" y "objeto indirecto" a menudo crean confusión por lo que me sentí llena de satisfacción cuando improvisé esta representación pictórica el año pasado.
En este diagrama verán que el sujeto está representado por un hombrecito azul (He); el verbo, con flequitos rojos (throws); el objeto indirecto, con la mujercita rosa (her); y el objeto directo, con el bebé (the baby). Aquí vemos claramente que el sujeto realiza la acción de tirar, el objeto directo sufre la acción y el objeto indirecto recibe el efecto de ello. Generalmente los estudiantes reaccionan positivamente al dibujo por lo absurdo y recuerdan al bebé volador.
Otra de mis metáforas pedagógicas favoritas surgió recientemente cuando explicaba la estructura del párrafo. Nuevamente fue algo improvisado, aunque ya llevaba un tiempo diciéndolo. Sin embargo, no fue hasta que hice el dibujo en la pizarra que sentí la onda de entendimiento expandirse desde los cerebros de mis estudiantes.
La lección sobre la estructura del párrafo se enfoca en que todo buen párrafo debe tener una "topic sentence" seguida de "supporting sentences". Siempre hago hincapié en que, al redactar un párrafo, el objetivo (o "mission in life", como me gusta decir por el efecto dramático) debe ser probar un punto y un punto nada más. En un párrafo coherente y bien enfocado se debe tratar solo un tema a la vez. Por lo tanto, la "topic sentence" debe presentar ese punto claro y conciso y las "supporting sentences" deben proveer los detalles que comprueben el punto.

Para ilustrar este concepto, dibujé la siguiente caricatura mientras explicaba que el párrafo es como un barco en medio de un mar de ideas, y que para que el barco no se vaya a la deriva, necesitamos una "topic sentence" sólida que mantenga el párrafo bien anclado. Si el ancla no tiene peso (el párrafo no está bien enfocado), es probable, y casi seguro, que el barco (el resto de las oraciones que lo componen) flotará por otros rumbos y no llegará nunca a su destino (probar el punto).
Esta metáfora me da mucha gracia porque me hace recordar un chiste interno sobre naufragios en mares de incomprensión, pero, además de eso, me parece que dará buenos frutos. Luego de realizar un ejercicio de práctica, los estudiantes se veían más cómodos con el proceso de redacción. Ya no se trataba de llenar una página en blanco sino de cumplir una misión.
En fin, me gusta hacerles dibujos a mis estudiantes (y el que me conoce sabe que sencillamente me gusta dibujar) y ver cómo reaccionan. A veces también les canto y les dramatizo las cosas para que el mensaje cale hondo. Sé que a menudo me miran con extrañeza y piensan "qué bicho raro éste", pero creo que eso es bueno. Si de aquí a unos años recuerdan que una muchacha ahí les enseñó que hay una conexión entre las anclas y los párrafos y, aunque no recuerden cuál es la conexión, saben "intuitivamente" que hay que redactar enfocada y coherentemente, entonces sabré que no me quedó tan mal la cosa.
A mis estudiantes de niveles más básicos siempre les doy un repasito de las diferentes funciones de las palabras para que así cuiden más su sintaxis a la hora de redactar. Los conceptos de "objeto directo" y "objeto indirecto" a menudo crean confusión por lo que me sentí llena de satisfacción cuando improvisé esta representación pictórica el año pasado.
En este diagrama verán que el sujeto está representado por un hombrecito azul (He); el verbo, con flequitos rojos (throws); el objeto indirecto, con la mujercita rosa (her); y el objeto directo, con el bebé (the baby). Aquí vemos claramente que el sujeto realiza la acción de tirar, el objeto directo sufre la acción y el objeto indirecto recibe el efecto de ello. Generalmente los estudiantes reaccionan positivamente al dibujo por lo absurdo y recuerdan al bebé volador.Otra de mis metáforas pedagógicas favoritas surgió recientemente cuando explicaba la estructura del párrafo. Nuevamente fue algo improvisado, aunque ya llevaba un tiempo diciéndolo. Sin embargo, no fue hasta que hice el dibujo en la pizarra que sentí la onda de entendimiento expandirse desde los cerebros de mis estudiantes.
La lección sobre la estructura del párrafo se enfoca en que todo buen párrafo debe tener una "topic sentence" seguida de "supporting sentences". Siempre hago hincapié en que, al redactar un párrafo, el objetivo (o "mission in life", como me gusta decir por el efecto dramático) debe ser probar un punto y un punto nada más. En un párrafo coherente y bien enfocado se debe tratar solo un tema a la vez. Por lo tanto, la "topic sentence" debe presentar ese punto claro y conciso y las "supporting sentences" deben proveer los detalles que comprueben el punto.

Para ilustrar este concepto, dibujé la siguiente caricatura mientras explicaba que el párrafo es como un barco en medio de un mar de ideas, y que para que el barco no se vaya a la deriva, necesitamos una "topic sentence" sólida que mantenga el párrafo bien anclado. Si el ancla no tiene peso (el párrafo no está bien enfocado), es probable, y casi seguro, que el barco (el resto de las oraciones que lo componen) flotará por otros rumbos y no llegará nunca a su destino (probar el punto).
Esta metáfora me da mucha gracia porque me hace recordar un chiste interno sobre naufragios en mares de incomprensión, pero, además de eso, me parece que dará buenos frutos. Luego de realizar un ejercicio de práctica, los estudiantes se veían más cómodos con el proceso de redacción. Ya no se trataba de llenar una página en blanco sino de cumplir una misión.
En fin, me gusta hacerles dibujos a mis estudiantes (y el que me conoce sabe que sencillamente me gusta dibujar) y ver cómo reaccionan. A veces también les canto y les dramatizo las cosas para que el mensaje cale hondo. Sé que a menudo me miran con extrañeza y piensan "qué bicho raro éste", pero creo que eso es bueno. Si de aquí a unos años recuerdan que una muchacha ahí les enseñó que hay una conexión entre las anclas y los párrafos y, aunque no recuerden cuál es la conexión, saben "intuitivamente" que hay que redactar enfocada y coherentemente, entonces sabré que no me quedó tan mal la cosa.
20.9.10
Remembering Silly Me: Tres

When I was a little girl, my mother would always tell me not to walk around the house barefoot because if I stepped on mouse pee, I would die. Supposedly, two of her cousins had met this end, and she thought that telling me this story was a good way to get me to wear shoes.
The house where I grew up was like any other house; we didn't have a mouse infestation or anything like that, but we did get the occasional furry visitor every once in a while. It was around the time of one of these visits that I found myself walking barefoot in the kitchen and stepping on a drop of something unknown and wet. It was clear to me that I had stepped on mouse pee and was about to die. Thus, I said goodbye to my mother; I hugged her for a long while and said my most profusely sentimental good night. She looked at me funny. Finally, I got in bed thinking "goodbye, cruel world," and I cried myself to sleep.
I sure felt silly the next day.
29.8.10
14.6.10
Remembering Silly Me: Dos

When I was a junior in high school, I asked the Ouija board when I would die. It said I’d die at age 27. I proceeded to ask about the cause of death: illness… no; accident… no; homicide… no; suicide… yes. I’m turning 26 in a month so, according to the Ouija board, I’ve got a bit over a year before I go. Hm. Good to know.
Mind you, the girl with whom I questioned the Ouija board that night called me a slut later that week for no apparent reason. Just thought I’d mention that.
Mind you, the girl with whom I questioned the Ouija board that night called me a slut later that week for no apparent reason. Just thought I’d mention that.
27.5.10
Despiste
El otro día, me estacioné en el piso que no era. No me percaté hasta que caminé un poco hacia la puerta y pensé, "mi madre no guia una corveta roja".
Culpo la radio AM que es muy divertida.
Culpo la radio AM que es muy divertida.
24.5.10
Del tiro del pantalón
Pablito y su madre descendían por la escalera automática desde La Terraza de Plaza donde acababan de comer. La madre lo había llevado de compras ya que se acercaba el inicio del año escolar y Pablito necesitaba urgentemente pantalones nuevos para comenzar bien el octavo grado. Eso era lo que su madre reafirmaba cuando Pablito sintió una irresistible fuerza magnética que lo halaba hacia la vitrina de Kokomo, decorada en todo su esplendor con luces neón y palmas plásticas. Ahí estaba, la patineta negra y azul, con un diseño psicodélico fantástico y ruedas verdes transparentes. La patineta estaba brutal.
Nadie habría logrado despegar a Pablito de aquella vitrina. Excepto su madre.
-¡Pablito! ¡Vamos ya! Tú siempre pierdes el tiempo con boberías.
-Pero, mami, es que…
-Bueno, ¡ya! La tienda es muy bonita, pero ahí no vamos a encontrar pantalones.
Y, dándole un tirón, siguió su camino hacia Macy’s. Allí, la madre parecía estar en su elemento. Se veía sonrosada y sus ojos destellaban una luz sideral, como los de una niñita ante una casita de muñecas, o los de Pablito frente aquella patineta. Imperativamente llamó a una vendedora para preguntar si la talla de unos pantalones estaba marcada correctamente; los veía muy largos de tiro.
Mientras tanto, Pablito, resignado, miraba el piso con una mano en el bolsillo y la otra sosteniendo el vaso de refresco tamaño “jumbo” que pidió con su almuerzo. Vestía una camiseta gris, metidita en el mahón, y zapatos deportivos. No parecía estar muy interesado en la conversación entre su madre y la vendedora, ni en los pantalones que se iban amontonando sobre un estante de ropa. Tendría que probárselos todos, probablemente, hasta que su madre estuviese satisfecha. Y, a todas estas, no podía dejar de pensar en la tan deseada patineta.
De súbito, la madre lo empujó hacia el probador con la montaña de pantalones cayéndole encima como avalancha de colores neutrales. Obedeció, pero no sin antes balbucear algo que nadie escuchó. Se metió en el probador y comenzó a ponerse y quitarse un pantalón tras otro. Kakis, grises, azules; todos se veían iguales.
Su madre ya perdía la paciencia.
-¡Pablito, sal ya! Quiero ver cómo te quedan.
-Todo son iguales. ¿Qué impor...?
-Pablito, sal ahora mismo y déjate ver, ¡por Dios!
Dejó salir un suspiro y, con los ojos mirando el techo, como si alguien allá arriba pudiese entenderlo, salió del probador chupando el sorbeto en plena subordinación.
-¡Pero, si mira, qué guapo te ves! Este pantalón es para nenes grandes, ¿no te parece? -preguntó retóricamente a la vendedora que afirmaba con la cabeza-. Date la vuelta, Pablito. ̶̶̶ Ordenó-. A ver si hay que cogerles ruedo.
En ese preciso instante divisó en aquel lugar a una joven de sinuosa figura que se acercaba a ellos. Pablito hizo un gran esfuerzo por desviar su mirada de aquel cuerpo, pero la fuerza de atracción era abrumadora, incluso más aún que la que radiaba la patineta. Se trataba de Michelle, su vecina de 19 años. Desde siempre había sido ella el objeto de su afecto, de su pasión, de su deseo pueril; y allí estaba, como flotando hacia sus brazos que se estrechaban para recibir al ser más perfecto que sus dichosos ojos alguna vez vieran.
Cuando, de repente, su madre le agarró el tiro del pantalón.
-¿No te quedarán grandes?—decía a la misma vez que Pablito accidentalmente derramaba lo que quedaba del refresco encima de ella y del susodicho pantalón.
-Pero, ¡Pablito! ¡Qué es esto? ¡Qué es este desastre? ¡Qué torpe eres!
-Van a tener que pagar ese pantalón—amenazó la vendedora.
Pablito se quedó estupefacto. Estaba lívido, nervioso, incómodo y confundido, todo a la misma vez. Y, como si fuera poco, Michelle estaba parada a su lado.
-Hola-logró balbucear.
-¡Michi! ¿Cómo estás? ¿Y tu familia?—exclamó la madre.
-Pues, súper bien, gracias a Dios. ¿Y ustedes, que tal?—contestó.
-Ya nos ves, aquí, comprando pantalones para este muchachito. Pero, no sé qué le pasa hoy que está hecho un desastre.
-Ja, ja. ¡'Dito! ¿Qué fue? ¿Se te cayó el refresco?
Pablito sintió un golpe sofocante que lo sacudió de arriba hasta abajo. Por su cara recorrieron todos los colores del arco iris. Hasta las orejas se le calentaron de forma tal que sintió el cambio de temperatura por el cuerpo entero. Permaneció boquiabierto, sin saber qué decir, mirando a su alrededor, desesperado, buscando por dónde escapar. Las mujeres charlaron por unos minutos, pero Pablito seguía estático. De nuevo, la madre lanzó otra orden:
-Ve y cámbiate que ya nos vamos.
Pablito comenzó a caminar de vuelta al probador mientras las mujeres finalmente se despedían con besos y abrazos y cariños para toda la familia. Michelle dijo, “adiós Pablito” acompañado de un gesto de la mano, y se dio la vuelta dejando en los ojos del niño el rastro de un deseo quimérico.
Con esto, Pablo se detuvo; se cuadró frente a su madre sin ceder una sola pulgada. Levantó la cabeza, infló el pecho y...
-Pero, ¿todavía tienes el pantalón puesto?-dijo su madre. -¡Acaba y cámbiate! Tú sigues aquí con cara de bobo... ¡Avanza, avanza!
-¡Déjame quieto!- gritó por vez primera.
-¿Qué..?
-Tengo pantalones en casa, no necesito pantalones nuevos. Déjame quieto y ya. Vete a hacer lo tuyo y déjame quieto.
La madre se quedó atónita. Su hijo jamás le había hablado así. Pausó un momento para recuperarse de la sorpresa, y, antes de decir palabra alguna, acarició la cara de su hijito querido. Sonrió.
-Vamos, mi niño—dijo melosamente y se dio la vuelta.
Pablito se quedó pasmado. ¿Qué pasaba? ¿No acababa de hablar él con muchísima vehemencia? ¿Cómo era posible que no lo hubiese escuchado? ¿No entendía? ¿Qué pasaba? Pablito no lograba entender la actitud de su madre; esperaba una reacción más violenta, pero, ni eso. Miraba el piso, buscando una respuesta para la nueva incógnita. Pero, como no la encontró, volvió al probador a quitarse los pantalones mojados que se llevaría a casa. Ese día sufrió una triple derrota. Tal vez, algún día, volvería a Plaza las Américas sin su madre y, quizá, entonces, podría comprarse una patineta.
Nadie habría logrado despegar a Pablito de aquella vitrina. Excepto su madre.
-¡Pablito! ¡Vamos ya! Tú siempre pierdes el tiempo con boberías.
-Pero, mami, es que…
-Bueno, ¡ya! La tienda es muy bonita, pero ahí no vamos a encontrar pantalones.
Y, dándole un tirón, siguió su camino hacia Macy’s. Allí, la madre parecía estar en su elemento. Se veía sonrosada y sus ojos destellaban una luz sideral, como los de una niñita ante una casita de muñecas, o los de Pablito frente aquella patineta. Imperativamente llamó a una vendedora para preguntar si la talla de unos pantalones estaba marcada correctamente; los veía muy largos de tiro.
Mientras tanto, Pablito, resignado, miraba el piso con una mano en el bolsillo y la otra sosteniendo el vaso de refresco tamaño “jumbo” que pidió con su almuerzo. Vestía una camiseta gris, metidita en el mahón, y zapatos deportivos. No parecía estar muy interesado en la conversación entre su madre y la vendedora, ni en los pantalones que se iban amontonando sobre un estante de ropa. Tendría que probárselos todos, probablemente, hasta que su madre estuviese satisfecha. Y, a todas estas, no podía dejar de pensar en la tan deseada patineta.
De súbito, la madre lo empujó hacia el probador con la montaña de pantalones cayéndole encima como avalancha de colores neutrales. Obedeció, pero no sin antes balbucear algo que nadie escuchó. Se metió en el probador y comenzó a ponerse y quitarse un pantalón tras otro. Kakis, grises, azules; todos se veían iguales.
Su madre ya perdía la paciencia.
-¡Pablito, sal ya! Quiero ver cómo te quedan.
-Todo son iguales. ¿Qué impor...?
-Pablito, sal ahora mismo y déjate ver, ¡por Dios!
Dejó salir un suspiro y, con los ojos mirando el techo, como si alguien allá arriba pudiese entenderlo, salió del probador chupando el sorbeto en plena subordinación.
-¡Pero, si mira, qué guapo te ves! Este pantalón es para nenes grandes, ¿no te parece? -preguntó retóricamente a la vendedora que afirmaba con la cabeza-. Date la vuelta, Pablito. ̶̶̶ Ordenó-. A ver si hay que cogerles ruedo.
En ese preciso instante divisó en aquel lugar a una joven de sinuosa figura que se acercaba a ellos. Pablito hizo un gran esfuerzo por desviar su mirada de aquel cuerpo, pero la fuerza de atracción era abrumadora, incluso más aún que la que radiaba la patineta. Se trataba de Michelle, su vecina de 19 años. Desde siempre había sido ella el objeto de su afecto, de su pasión, de su deseo pueril; y allí estaba, como flotando hacia sus brazos que se estrechaban para recibir al ser más perfecto que sus dichosos ojos alguna vez vieran.
Cuando, de repente, su madre le agarró el tiro del pantalón.
-¿No te quedarán grandes?—decía a la misma vez que Pablito accidentalmente derramaba lo que quedaba del refresco encima de ella y del susodicho pantalón.
-Pero, ¡Pablito! ¡Qué es esto? ¡Qué es este desastre? ¡Qué torpe eres!
-Van a tener que pagar ese pantalón—amenazó la vendedora.
Pablito se quedó estupefacto. Estaba lívido, nervioso, incómodo y confundido, todo a la misma vez. Y, como si fuera poco, Michelle estaba parada a su lado.
-Hola-logró balbucear.
-¡Michi! ¿Cómo estás? ¿Y tu familia?—exclamó la madre.
-Pues, súper bien, gracias a Dios. ¿Y ustedes, que tal?—contestó.
-Ya nos ves, aquí, comprando pantalones para este muchachito. Pero, no sé qué le pasa hoy que está hecho un desastre.
-Ja, ja. ¡'Dito! ¿Qué fue? ¿Se te cayó el refresco?
Pablito sintió un golpe sofocante que lo sacudió de arriba hasta abajo. Por su cara recorrieron todos los colores del arco iris. Hasta las orejas se le calentaron de forma tal que sintió el cambio de temperatura por el cuerpo entero. Permaneció boquiabierto, sin saber qué decir, mirando a su alrededor, desesperado, buscando por dónde escapar. Las mujeres charlaron por unos minutos, pero Pablito seguía estático. De nuevo, la madre lanzó otra orden:
-Ve y cámbiate que ya nos vamos.
Pablito comenzó a caminar de vuelta al probador mientras las mujeres finalmente se despedían con besos y abrazos y cariños para toda la familia. Michelle dijo, “adiós Pablito” acompañado de un gesto de la mano, y se dio la vuelta dejando en los ojos del niño el rastro de un deseo quimérico.
Con esto, Pablo se detuvo; se cuadró frente a su madre sin ceder una sola pulgada. Levantó la cabeza, infló el pecho y...
-Pero, ¿todavía tienes el pantalón puesto?-dijo su madre. -¡Acaba y cámbiate! Tú sigues aquí con cara de bobo... ¡Avanza, avanza!
-¡Déjame quieto!- gritó por vez primera.
-¿Qué..?
-Tengo pantalones en casa, no necesito pantalones nuevos. Déjame quieto y ya. Vete a hacer lo tuyo y déjame quieto.
La madre se quedó atónita. Su hijo jamás le había hablado así. Pausó un momento para recuperarse de la sorpresa, y, antes de decir palabra alguna, acarició la cara de su hijito querido. Sonrió.
-Vamos, mi niño—dijo melosamente y se dio la vuelta.
Pablito se quedó pasmado. ¿Qué pasaba? ¿No acababa de hablar él con muchísima vehemencia? ¿Cómo era posible que no lo hubiese escuchado? ¿No entendía? ¿Qué pasaba? Pablito no lograba entender la actitud de su madre; esperaba una reacción más violenta, pero, ni eso. Miraba el piso, buscando una respuesta para la nueva incógnita. Pero, como no la encontró, volvió al probador a quitarse los pantalones mojados que se llevaría a casa. Ese día sufrió una triple derrota. Tal vez, algún día, volvería a Plaza las Américas sin su madre y, quizá, entonces, podría comprarse una patineta.
29.4.10
10.4.10
Eureka! -ish

I successfully made myself some quasi-ataí--Moroccan mint tea. It had been four years since I had enjoyed this delicious hot drink, and now I kind of developed my first draft of the recipe through trial and error. Here are the steps:
1) boil water :)
2) rinse 4 mint leaves, place in cup, and lightly "bruise" with a wood pestle to release flavor
3) add 2 tsps. of brown sugar to boiling water
4) add a wee bit of lemon zest
5) pour water into cup with mint leaves
6) let it sit for a little while so the water becomes really infused with flavor
Real ataí is made with green tea as a base and, thus, it has caffeine. I have to get some for my next try. Yay. :)
*Mine really did look like the one in the picture!*
7.4.10
Funny Things
I took a nap earlier today. I can't remember what I was dreaming exactly, but one of my dream-friends cracked a joke that made me chuckle. That is, it made the real me chuckle, not dream me. I woke up between laughing and gasping for air; it seems laughing in your sleep can be dangerous. Either way, it was a nice way to wake up.
30.3.10
Remembering Silly Me: Uno

When I was in 7th grade, I received anonymous threats in my locker. I never really knew who left them, but I always had my suspicions. Upon retrospect, the notes were actually really lame, but when you're 12 years old and someone wants you dead, it kind of gets to you. They also left graphic manifestations of their ill wishes in the form of stick figures with X's over their eyes and little pools of blood under their stick arms. I didn't say anything immediately, but after the third note or so I felt I had to tell the teacher. She suggested I wrote the following message on the chalkboard for all to read: "How can I help you if I don't know who you are?" My classmates didn't know what that was all about, so they all thought I was a douche. On the plus side, I never got threatened again.
10.3.10
One Art
The art of losing isn't hard to master;
so many things seem filled with the intent
to be lost that their loss is no disaster,
Lose something every day. Accept the fluster
of lost door keys, the hour badly spent.
The art of losing isn't hard to master.
Then practice losing farther, losing faster:
places, and names, and where it was you meant
to travel. None of these will bring disaster.
I lost my mother's watch. And look! my last, or
next-to-last, of three beloved houses went.
The art of losing isn't hard to master.
I lost two cities, lovely ones. And, vaster,
some realms I owned, two rivers, a continent.
I miss them, but it wasn't a disaster.
-- Even losing you (the joking voice, a gesture
I love) I shan't have lied. It's evident
the art of losing's not too hard to master
though it may look like (Write it!) a disaster.
By Elizabeth Bishop
so many things seem filled with the intent
to be lost that their loss is no disaster,
Lose something every day. Accept the fluster
of lost door keys, the hour badly spent.
The art of losing isn't hard to master.
Then practice losing farther, losing faster:
places, and names, and where it was you meant
to travel. None of these will bring disaster.
I lost my mother's watch. And look! my last, or
next-to-last, of three beloved houses went.
The art of losing isn't hard to master.
I lost two cities, lovely ones. And, vaster,
some realms I owned, two rivers, a continent.
I miss them, but it wasn't a disaster.
-- Even losing you (the joking voice, a gesture
I love) I shan't have lied. It's evident
the art of losing's not too hard to master
though it may look like (Write it!) a disaster.
By Elizabeth Bishop
2.3.10
A.M.
La saña despierta.
Burbujea en el café
a las siete de la mierda.
Casi ocho,
de camino al infierno.
[Cómo duelen los ojos
entre el sol y el sueño].
Seguimos pa'lante:
bo-QUE-te, bo-QUE-te, ¡PARA!
El alma por poco escapa.
Bocina, ¿pa' qué te quiero?
[Le tengo un nuevo aprecio].
Ya tan cerca y tan lejos,
amarilla y acelero.
Piso el suelo:
¡Gloria en el Cielo!
Llego a tiempo
y solo hay tres.
(Inspirado en hechos y sentimientos de la vida real; adornado con dramatismo y lenguaje hiperbólico).
Burbujea en el café
a las siete de la mierda.
Casi ocho,
de camino al infierno.
[Cómo duelen los ojos
entre el sol y el sueño].
Seguimos pa'lante:
bo-QUE-te, bo-QUE-te, ¡PARA!
El alma por poco escapa.
Bocina, ¿pa' qué te quiero?
[Le tengo un nuevo aprecio].
Ya tan cerca y tan lejos,
amarilla y acelero.
Piso el suelo:
¡Gloria en el Cielo!
Llego a tiempo
y solo hay tres.
(Inspirado en hechos y sentimientos de la vida real; adornado con dramatismo y lenguaje hiperbólico).
28.2.10
Simple Pleasures 2
Peanut butter and Nutella on white gets stuck to the roof of my mouth. I force it off with my tongue, and, oh, boy, it likes to play. The decadent, smooth, silky chocolate swirls with the savory, salty, sticky peanut butter, and, sigh, heavenly bliss is near. It all becomes a scrumptious mush in my mouth and I can’t wait until the next bite.As Emeril Lagasse would say, “Bam, bam, bam.”
18.2.10
Simple Pleasures

1. Mince a clove of fresh garlic and sauté in olive oil at low-medium temperature.
2. Remove garlic to side of skillet and crack an egg. Raise temperature to medium heat.
3. Condiment egg with salt and white pepper. Flip it. Or don’t. That’s up to you.
4. [Heavily] butter a toasted, plain bagel.
5. Add slice of Muenster cheese. Melt for gooey goodness.
6. Place fried egg on top of gooey goodness.
7. Sauté a slice of ham in garlic-infused, hot oil.
8. Lay ham over egg like you would lay a lover.
9. Enjoy.
...No. Don’t just enjoy. Savor each bite. Delight in its deliciousness.
10. Smile. :)
27.1.10
Ya no sé
Ya no sé si estoy despierta o dormida.
Escucho el maullido de un gato
pero todo está en su sitio.
Al parecer, lo he soñado,
aunque no duermo,
sino que sigo en un estupor cansado
producido por la monotonía del neutro.
La luz y la oscuridad son iguales:
intoxican los ojos
hasta que se vacían de fatiga,
y de frío.
Y vuelven los peces a hacer lo suyo,
aunque diferentes,
sin definirse.
Se diluyen en un caleidoscopio
y me pierdo en el espiral
de sus colas.
Escucho el maullido de un gato
pero todo está en su sitio.
Al parecer, lo he soñado,
aunque no duermo,
sino que sigo en un estupor cansado
producido por la monotonía del neutro.
La luz y la oscuridad son iguales:
intoxican los ojos
hasta que se vacían de fatiga,
y de frío.
Y vuelven los peces a hacer lo suyo,
aunque diferentes,
sin definirse.
Se diluyen en un caleidoscopio
y me pierdo en el espiral
de sus colas.
Ahora, cuando duermo
Se me escapan
los peces.
Ahora, cuando duermo,
sueño en francés.
Es casi como no soñar.
Si entendiera lo que sucede,
pero solo se deshila en
palabras
sueltas,
nasales y guturales,
románticas,
pero sin alcance,
como fenêtre,
y à demain!
Y, a mí, ¿de qué me sirve
soñar en francés?
¿Ocupa el mismo espacio
que ocupó el sueño de dormir,
que ocuparon ojos y labios,
y los peces?
Talvez deba aprender francés.
los peces.
Ahora, cuando duermo,
sueño en francés.
Es casi como no soñar.
Si entendiera lo que sucede,
pero solo se deshila en
palabras
sueltas,
nasales y guturales,
románticas,
pero sin alcance,
como fenêtre,
y à demain!
Y, a mí, ¿de qué me sirve
soñar en francés?
¿Ocupa el mismo espacio
que ocupó el sueño de dormir,
que ocuparon ojos y labios,
y los peces?
Talvez deba aprender francés.
Al fin duermo
Y al fin duermo,
pero no descanso.
Veo ojos y labios
que flotan
rindiendo culto
al oráculo de mutis.
En el negro,
mis ojos cierran;
se hacen lagunas
donde peces nadan
y nadan y nadan.
Y nada.
Solo penumbra.
Quién pudiera dormir
con tantos peces.
pero no descanso.
Veo ojos y labios
que flotan
rindiendo culto
al oráculo de mutis.
En el negro,
mis ojos cierran;
se hacen lagunas
donde peces nadan
y nadan y nadan.
Y nada.
Solo penumbra.
Quién pudiera dormir
con tantos peces.
A veces no logro dormir
A veces no logro dormir,
aunque a veces es poco.
A veces pienso mucho
y a la vez no pienso nada.
Nada que valga
de todos modos,
que alimente, que nutra.
O talvez sí.
No creo.
Solo engorda.
Estoy inflamada:
la cabeza, el pecho, los ojos.
Hasta que cierran.
Pero luego se vuelven a abrir.
Y se cierran.
Y duermo, pero no duermo,
sino que sueño dormir,
un dormir cotidiano, continuo,
pero pérfido.
Tal vez mañana duerma.
Puede que sí.
aunque a veces es poco.
A veces pienso mucho
y a la vez no pienso nada.
Nada que valga
de todos modos,
que alimente, que nutra.
O talvez sí.
No creo.
Solo engorda.
Estoy inflamada:
la cabeza, el pecho, los ojos.
Hasta que cierran.
Pero luego se vuelven a abrir.
Y se cierran.
Y duermo, pero no duermo,
sino que sueño dormir,
un dormir cotidiano, continuo,
pero pérfido.
Tal vez mañana duerma.
Puede que sí.
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