30.11.13

Jedi

Te engañé.
Te pensé tanto
que pensaste
haberme pensado
y resulta que fue solo
el poder de mi mente,
la energía que radiaba
de mi entrecejo
que penetraba en ti
a todas horas,
en los cuartos menos esperados,
por los ojos furtivos de otras,
en las calles inundadas de San Juan
donde gatos y luna 
se relamen junto a la bahía,
rebotaba por callejones,
divagaba por el carril de la AMA,
brincaba entre antenas,
entre ciclistas y vagabundos
y te encontraba,
fue mi mente quien te llamó a ti
y escuchaste.
¿Será que me querías escuchar?
¿O seré yo más fuerte
que tu voluntad?
Regresaste por mí,
por mi culpa o por mi causa.
Mi mente inquieta te haría
pensar de nuevo
pero decide que calla.


12.11.13

La marea

Con la luna creciente
sube la marea;
me asalta
y me arrastra
sobre la arena.
Las algas me agarran,
escalan mis piernas,
se deslizan como dedos
húmedos
entrelazándose con mi cuerpo
hasta llegar a mi centro­—
comienzan a halarme
a las profundidades del mar—

Yo resisto:
escarbo la arena,
dejo el rastro de mis uñas
en su piel blanca
desafiando el embate
de cada ola,
lenguas de mar
que me bañan,
me sacuden,
me arropan y desnudan,
que me inundan de su espuma
y se desbordan
en la arena empapada—

Luego se retiran,
se alejan de mi orilla,
dejan mi cuerpo abandonado
a los brazos del sol
y el viento frío
que se acurruca
entre mis rodillas.


5.11.13

Remedio contra la memoria

Escribo para no olvidar
que camino sobre
troncos blancos,
que los pájaros que anidan
en mis hojas
son de oro y amatistas
y su vuelo incierto
a mi horizonte pertenece.

Escribo para recordar
lo que se esconde
entre el dolor
y la nostalgia,
revelar lo que el silencio
oculta,
lo que en mi pelo
el tiempo entreteje.

Escribo para acordarme
de tu verdadero tú,
sombra de agujas
de un reloj dañado;
de mi verdadero yo,
perdido y recuperado
mil veces.

Escribo porque la memoria
es traicionera y obstinada;
pero puede más
quien quiere,
que el turbio recuerdo
que a ratos engaña. 


3.11.13

En llamas

Sabes, cuando se está
en un cuarto oscuro
y de momento alguien
prende una luz
sin avisar,
duelen los ojos,
aunque lo que
descubran sea
la cosa más linda,
más sublime
del mundo,
duele el contraste,
duele la pupila contraída
en las llamas de la iris
que arden,
aunque lágrimas
las apaguen,
no me ciegan,
no de tu cara,
ni tu sombra.