Te engañé.
Te pensé tanto
que pensaste
haberme pensado
y resulta que fue
solo
el poder de mi
mente,
la energía que
radiaba
de mi entrecejo
que penetraba en
ti
a todas horas,
en los cuartos
menos esperados,
por los ojos
furtivos de otras,
en las calles inundadas
de San Juan
donde gatos y luna
se relamen junto a la bahía,
rebotaba por callejones,
divagaba por el
carril de la AMA,
brincaba entre
antenas,
entre ciclistas y
vagabundos
y te encontraba,
fue mi mente
quien te llamó a ti
y escuchaste.
¿Será que me
querías escuchar?
¿O seré yo más
fuerte
que tu voluntad?
Regresaste por
mí,
por mi culpa o por mi causa.
Mi mente inquieta
te haría
pensar de nuevo
pero decide que calla.

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