Conocería tu
voz
en medio de
una
tempestad
oceánica,
entre el coro
de olas
y truenos y el
grito
del viento;
tu voz sería
la que más
resuene
en mi oído,
la que con un
suspiro violento
ulule mi
nombre.
Tu voz,
que gime en
silencio,
la conozco yo,
que la hice
brotar
febril
con mis labios,
suprimiendo
mi propio
aliento,
mis deseos
de poseer,
no tu voz,
sino tus
palabras.
Yo conozco tu
voz;
la conozco
porque es la
voz
de un sueño,
efímero,
idílico,
que al
despertar
podría no
recordarlo,
pero—tu voz—
no, eso no se
olvida.

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