Hay un punto
de luz
sobre el fondo
de la noche.
Es hermoso,
imperfecto,
misterioso.
Se acerca al
borde
de la
oscuridad
y se asoma
por el
precipicio
buscando algo
de qué arraigarse:
de un cuerpo
mortal,
o uno celeste,
de un brazo de
viento
que lo sople y
lo lleve
donde vive otra luz,
donde sentirse
natural
y liviano.
Junto al
precipicio
pulsa,
se agranda,
se achica,
se quema,
y ante un
misterio
aún más
grande,
absorbe el
fulgor de la noche
y se lanza.
(07/2013)

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