Sabes, cuando
se está
en un cuarto
oscuro
y de momento alguien
prende una luz
sin avisar,
duelen los
ojos,
aunque lo que
descubran sea
la cosa más
linda,
más sublime
del mundo,
duele el
contraste,
duele la
pupila contraída
en las llamas
de la iris
que arden,
aunque
lágrimas
las apaguen,
no me ciegan,
no de tu cara,
ni tu sombra.

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