21.10.10

Pescado

No todos los días te da en el pecho una flor.
Mucho menos un pescado.
El golpe retumba vacío
y hace añicos el cristal de las copas.
Ya va cayendo el pescado;
su trayectoria coincide exactamente
con los puntos cardinales
que me sostienen.
Y al desplazarme, el pescado queda atrás,
quedo yo sin peces y sin norte.
Y el pescado que alguna una vez
se escurrió tan lindo en el mar,
me atravieza con la canica de su ojo
y me dice... nada.

Velando su figura fría y quieta
dudo que alguien lo recoja.

3 comentarios:

  1. Este vendría bien acompañado de una animación original: Estás sentada en la mesa como la del sombrerero loco y, de repente, el party se interrumpe con un pesca’o que cae, en cámara lenta, en tu pecho, desde el cielo y de la nada. Te asustas, también en cámara lenta, mientras el crash de cristales se oye y se combina con un splash de gotitas de agua salada y olor a pesca’o. La silla donde estás sentada se echa pa’trás y caes patas arriba, en cámara lenta. Quedan el pesca’o y tú, tirados, mirándose. FIN.

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