7.7.13

Fe

A veces siento
que me piensas,
y lo creo
con la convicción
de una mujer de fe.
Y sintiéndote así,
tan falsamente
cerca,
me dueles
sin que lo sepas,
y sin que yo
quiera detenerte.

28.6.13

Sobre lo incierto: cuentos de espanto

Me llamaste a las 9:30 esa mañana. Me dolía la cabeza y la habitación giraba desenfocada sobre mis hombros. Escuché tu voz pero no te entendí hasta que logré distinguir tus palabras de entre el zumbido de mis oídos y el marullo de la calle. Me hablaste, ­­--Amor, ¿cómo estás? ¿Sigues dormido?-- Miré al otro lado de la sala. Pedro estaba tirado en el suelo, cerca de la puerta.

--No, ya me estaba levantando,-- te mentí. Pedro levantó la cara cuando me escuchó. Confundido, o tal vez asustado, intentó ponerse de pie tan rápido que tropezó con una mesa y cayó al piso con los objetos que la ocupaban.

--¿Qué fue eso? ¿Estás bien?

Siempre te preocupas por mí.

--Sí, ese fue Pedro que se quedó aquí anoche.

--Qué bueno. ¿Él sabe que siempre podrá quedarse con nosotros, verdad?—Siempre te preocupas por todos. Sonreí a pesar de mi asfixie.

Me recordaste la hora, el lazo, los papeles, los anillos y muchas cosas más que no olvidaría, en su mayoría. Te despediste feliz y dijiste que nos veríamos en unas horas. Coloqué el teléfono sobre la mesa. Cerré los ojos con fuerza. Cuando los abrí, Pedro estaba frente a mí, él parado, yo sentado en el sofá, y me miró. –Vamos,-- dijo.

De nuevo cerré los ojos con las mismas fuerzas de antes a ver si esta vez sucedía algo diferente. Sentí que Pedro puso la mano sobre mi hombro. Cuando los volví a abrir ya estaba frente al altar. No sé cómo transcurrieron las horas ni cómo llegué allí. Solo sé que Pedro seguía a mi lado.

Cuando finalmente logré enfocar la vista, miré a lo ancho de la iglesia. A la izquierda estaba mi familia. Vi a mi padrino y su nueva esposa vestida de verde. Él miraba la nada con su pelo tintado de negro mientras ella miraba el teléfono desinteresada. A su lado estaban mis primas, ambas de tonos azules; hablaban entre sí haciendo caras de fascinación, sorpresa, asco, de un sinnúmero de emociones al estudiar los vestidos y peinados de las presentes. Luego vi a mi abuela vestida de rosa. Se veía serena. Mi madre la acompañaba. Ya tenía el pañuelo sobre la falda. Ella también vestía de verde. Quedaba un espacio vacío donde luego se sentaría mi padre.

De tu lado de la iglesia había muchas caras conocidas que en ese momento no logré parear con nombres propios, títulos, ni edades. Era un mar ambiguo, un mar de ojos, un mar de pelo que ondulaba de chico a grande agravando cada vez más mis náuseas. Tu familia no vino de colores alegres, vino de colores pasteles, como tus labios.

Miré el techo. Me sentí pequeño bajo aquel cielo de cemento vasto y lejano. Comenzó la música. No la escuché pero la sentí. La busqué en el techo junto a una respuesta y no encontré nada. Ni a mí mismo. El silencio súbito me sacudió.  Y allí estabas, al final de la iglesia, a millas de distancia. En realidad no te veía, solo veía una luz blanca junto a una figura negra. De nuevo cerré los ojos con fuerza y hasta me llevé las manos a la cara. Sí, eras tú. Ese era tu padre junto a ti. Seguías tan lejos, tan blanca y según te acercabas brillabas más y más. Trajiste el pie derecho hacia adelante; te querías casar con tacos rojos. Luego moviste el izquierdo, firme, constante. Repetiste la jugada: derecho, luego izquierdo. Con cada paso se marcaba tu contorno sobre el encaje, tus rodillas, tus muslos, y la tela rebotaba entre el piso y tus caderas. Te acercaste más, cada vez más brillante, hasta que al fin vi tu cara clara, de colores pasteles. Sonreías pero no te vi alegre. Tus ojos líquidos encontraron los míos. Y me inundaste de tristeza y me ahogué en tus lágrimas reprimidas. Hasta que tú, amor, llegaste a mi lado. Te tomé de la mano, nos miramos y lloramos.


29/03/2013


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20.5.13

Una sola


Dibujo una línea sobre papel.
La dibujo con tinta
para no perder el camino
que me conduce a ti.
La trazo a ciegas
sin saber cómo ni cuándo
me llevará a mi destino,
que es el tuyo
aunque no lo sepas.
Trazamos una misma línea indeleble,
perseverante,
con ansias de llegar
sin que nos demos cuenta,
ignorándonos
a destiempo
mientras trazamos una línea
entre punto y punto y punto,
hasta convergir en las coordenadas
del resto de nuestra vida.

6.3.13

Yo soy


Camino sobre troncos blancos:
en mi pelo verde anidan pájaros y peces;
pájaros que vuelan alto y lejos
por capricho, por anhelo;
peces que nadan, giran,
sueñan tras los ojos.
Soy yagrumo,
soy trinitaria,
soy desde la raíz mis palabras,
soy flamboyán,
soy amapola,
soy lo que ves en mis hojas.
Aprendo del río.
Siento los peces deslizarse
por mis ramas;
los toco,
los beso,
los libero,
se despiden de mí sin lágrimas;
otros se quedan,
me abonan,
comemos del fruto
que cosechamos,
amándonos,
amando la tierra,
el río,
turbulento a veces,
otras animado.
Luego llegan los pájaros
tan llenos de cuentos,
de cosas que una vez soñaron
o tal vez vieron;
se posan en mi pelo verde,
los escuchamos
con su canturreo como del que espera.
Y con los ojos bien abiertos
nos miramos sonriendo
y soñamos con seguir caminando
sobre troncos blancos.

3.3.13

Chopin - Waltz Op. 64 No. 2


Ejercicio de "poematización": 

***
Te espío entre ventanas de encajes.
Una luz blanca oscila tranquila.
Acaricia mis cejas.
Un azul celeste se desliza entre mis dedos.
Te siento lejos.
Te toco cerca.
Deslumbro tu silueta fugaz
que se acerca
cada vez más
clara,
más cálida,
hasta que salen chispas.

Y viven y se quiebran
y vuelven a brincar,
me tocan y me pisan
y me rompen
sin llorar,
y rugen siempre en vano
en llamas de cristal,
y caen en mil pedazos
para volverlas a pegar.

Te espío entre ventanas de encajes.
La brisa rosa entra tranquila.
Acaricia mis rodillas.
Tu mirada de alba se esconde en mi pelo.
Te siento lejos.
Te toco cerca.
Retumba tu paso fugaz
que se acerca
cada vez más
alto,
más largo,
hasta huir en llamas.

Y me halas y me empujas
y me vuelves a besar,
y me hablas y me gritas
y me mientes
la verdad,
y ruges siempre en vano
palabras de cristal,
y caes en mil pedazos
para volverte a pegar.

Te espío entre ventanas de encaje.
La música blanca flota tranquila.
Acaricia mi cara.
Se convierte en gotas tornasoladas.
Te siento lejos.
Te toco cerca.
Brincan de lo más alto
cayendo una
sobre otra
quemándose sobre

16.1.13

Sobre la creación

Soy un sol, una supernova,
siento olas de fuego
que ondulan y gimen
a través del universo nítido;
y así, estallo y renazco
del polvo y letras
de mis viejas palabras.


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