Soñé que tu
pupila
inmensa
me tragaba,
me devoraba
viva,
que tu lengua
me arropaba
con ráfagas
de fuego
y verdades.
Soñé ficciones
que zarpaban
en barcos de
vela.
Soñé el
infinito.
Hasta que el
mar
felino
se ahogó solo,
se degolló
en la arena,
quedaron
sirenas
sin cola
convulsando
secas
en la orilla.
Soñé
y desperté—
y tu pupila
retraída
no me mira.

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