Quédense las
manos
de cal
sobre el tallo
marchito
en la arena;
quédense palomas
exánimes,
teclas
mudas,
vasijas
griegas
expuestas;
quédense
lirios
sin efluvio;
quédense barcos
sobre mar de
sal,
mar tieso,
mar sin aire
que sople vela;
quédense
cristales,
espejos
de años
remotos;
quédense venas
desiertas;
quédense las
manos
frías
y el cuerpo
hinchado
bajo tierra;
quédense las
manos—
quédense—
sin aliento
no se esperan,
se miran cada
vez
más lejos,
pierden coherencia,
se quedan
quietas.

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