Y vuelven a
surgir las burbujas
como subiendo un
hilo blanco sobre un fondo negro;
suben como
espiral, girando hasta colmarse
en mí, calientes
tras mis ojos
que cierran para
no dejarlas escapar
aunque unas pocas
encuentran
una ventana y se
lanzan,
caen por el
precipicio de una cara impávida,
sin color,
sin fe,
sin alma.


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